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Publicación jocosa de la voz
del pueblo |
Año III Número
(y) diez diciembre de 2004 |
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| Editorial |
63 días y 500 noches
Menudo encargo. Cerrar The Jornal. Fue mucho más fácil congelarlo; claro que entonces, hacía mucho frío ahí fuera. Para colmo, Pablete nos roba la cartera y nos deja sin editorial y a los muchachos de la redacción, a ver cómo los motivas a dos días vista de que empiece el saqueo.
Estamos tristes, dicen, y eso influye en el trabajo. Sí, ya, como en las evaluaciones del año pasado.
Y digo yo, necesariamente tristes por qué, si hemos quedado en que vamos a montar un club de exifigénicos, con comunidad virtual, sitio web, foros y toda la pesca. Y vamos a instaurar un día internacional cada dos meses con comilona y a casar a nuestros hijos sólo con descendientes del clan.
Además, por si eso fuera poco, ya lo habéis oído, nos dan 63 días por año trabajado en Ifigenia. Imaginaos, poder quedarnos con los 63 días que queramos ¿no os parece genial? Veréis, The Jornal propone una cosa: que cada uno cierre los ojos de forma un tanto teatrera y piense en los mejores días que ha pasado en esta casa. Al principio, es posible que ante el temor de que se nos gasten, uno elija los días de cobro y los viernes por ser más cortos, pero sigan con los ojos cerrados y verán que suena un ruido de abiente, una radio que se entremezcla con el murmullo y las pulsaciones de tecla, una conversación desenfadada sobre la última chorrada, la sintonía de un móvil silbada a capella, una carcajada, alguien que canta como un poseso ... y como son días brutos, también valen las cañas, las excursiones, las casas rurales y las cenas ... ¿lo notan? Entonces abran la mochila y dejen que se
llene, tómense su tiempo, déjense llevar, disfruten de este tratamiento reafirmante contrario a un "liftin" que elimina las tiranteces para dejar sólo las arrugas que provoca la sonrisa.
Quizá así, aunque sólo quizá, consigamos que Ifigenia no cierre nunca del todo.
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| El pobrecito hablador |
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| Grandes Relatos The Jornal |
| Tragicomedia de Eusebio e Ifigenia |
Hace muchos, muchos ejercicios fiscales, vivía en un castillo una alegre muchacha llamada Ifigenia. El castillo estaba flanqueado por dos grandes torres por lo que en toda la zona se la conocía como Ifigenia la de de Torres. Un día, su papá le dijo:
- Ifigenia, me encuentro cansado y voy a retirarme al campo para llevar una vida más tranquila. Pero no te dejaré sóla, te he buscado un marido. Es alto, apuesto, Terra-teniente y puede aportarnos una gran dote.
- Pero papá ...
- Ni peros ni emplazas, está decidido, yo parto mañana. Ah, se me olvidaba, tu futuro esposo, es un hombre muy ocupado y es posible que solo sepas de él cuando venga a ... joderte, pero no te preocupes, te dejo al cargo del que será tu responsable: Eduarth Vader.
(Chan chan chan tan ta chan tan ta chan tan ta chaaaaan)
Triste y llorosa se queda nuestra Ifigenia con este matrimonio de conveniencia, pasando las horas muertas en una de las torres, mirando al infinito por una ventana de 800 x 600 resizable. Hasta que un día ve a un joven a la puerta del castillo iniciando sesión.
- Hola, Ifigenia.
- ¿Quién eres, cuál es tu nombre?
- Eusebio. Eusebio Delete From, pero todo el mundo me llama Commit, porque soy el que hace las transacciones en el castillo. Trabajo aquí hace tiempo.
- Nunca te había visto, en verdad, conozco poco a la gente del castillo, ¿hacia dónde vas?
- Pal Barri. Oye, se te ve triste, ¿puedo ayudarte en algo?
Durante varios días, Ifigenia le cuenta su desgracia, las ausencias de su marido, los desplantes, las pérdidas leves y las graves (de capital) y Commit no sólo se compadece de ella sino que poco a poco cae enamorado ofreciéndole primero su ayuda y más tarde su corazón. Ifigenia tampoco puede negar sus sentimientos, pero algo se interpone entre ellos.
- No puede ser, Commit, tu eres un Tudesco y yo una Caponata, nuestras familias nos resetearían, sin contar con mi marido que lo primero que preguntará es si estás sindicado.
Entretanto, nuestros tortolitos no se dan cuenta de que están siendo observados. Eduarth Vader es informado e inmediatamente monta en Cólera (que así se llama su caballo) y parte hacia el castillo de Ática en busca de instrucciones. Ifigenia teme lo peor y sale tras él a la velocidad de la ADSL, llamando a las puertas del castillo de su marido.
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- ¿Quién es?
- Soy yo.
- ¿Qué vienes a buscar?
- A ti.
- Ya es tarde.
- ¿Por qué?
- Porque ahora soy yo el que quiero estar sin ti. Por eso ERE, olvida mi nombre, mi logo, mi pasta y pega la vueltaaa ...
Commit recibe el soplo de lo sucedido y viendo que no hay marcha atrás, manda un SMS a Ifigenia, citándose con ella a media noche para darse a la fuga en búho. Recoge sus pocas pertenencias junto con una carpeta de Stock Options y galopa veloz a por su dama.
Pero el destino es cruel con nuestros protagonistas y cuando Ifigenia introduce usuario y password para salir del castillo, un dardo emponzoñado lanzado por un tirante la alcanza de lleno, cayendo en los brazos de Commit que grita desconsoladamente viéndo cómo Ifigenia se desconfigura por momentos.
- Noooo!! - berrea Commit con el dardo ensangrentado en su mano.
- Es el fin - dice Eduarth Vader - y mira que he luchado para que no ocurriera.
(Chan chan chan chaaaann, en do mayor doloroso)
Muerta Ifigenia, se acabó la rabia y el castillo debe cerrar sus puertas. Algunos de sus vasallos son elegidos para servir en Ática, el resto, son lanzados al foso de forma improcedente. Viendo postrada su amada y despojados sus amigos, Commit no puede soportar la realidad que se muestra ante él y en una último acto heróico-sindical se lanza contra el cofre de las riquezas haciéndolo saltar por los aires . Pero ni el júbilo de sus compañeros le hace reaccionar. Mira lentamente a su alrededor, se vuelve hacia Ifigenia, suspira de dolor, su brazo es un resorte, el impacto, certero, sus ojos se crispan en un brillo ácido, el tiempo se detiene, un silencio se abre paso entre las voces que se alejan y el eco de un dulce canto femenino lo sume en un sopor de cámara lenta, mientras se desploma sin vida. El mismo dardo envenenado le ha servido para unirse a ella. Una leve sonrisa en su mirada y una cálida lágrima de las que dejan churrete, reflejan la paz alcanzada.
Y así fue cómo nuestros amantes acabaron por su mala cabeza. Aprendan, pues, vuestras mercedes, que de amores imposibles está lleno el mundo y que solo hay que saber elegir aquel por el que esté dispuesto a morir uno.
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The Fin |
No se pierdan nuestras próximas entregas: "Por un puñado de euros (en concreto mil)" y "Don ERE que ERE" |
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Pasatiempos |
| AVERIGÜE LA FIGURA QUE SIGUE A LA SERIE |
 
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Solución |
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Epílogo |
| The Jornal no quiere echar el telón sin antes tener unas palabras de agradecimiento a toda la gente que ha hecho que esta aventura periodística no sólo haya sido un placer, sino que muchas veces haya supuesto una de las pocas razones por las que merecía la pena seguir en el barco ifigénico. Por tanto, a los fieles lectores, sobretodo ese grupo de incondicionales, a los suscriptores de pago, a todos los colaboradores que han ofrecido su pluma (entiéndase ésto bien), a los diseñadores que han vestido de noche ideas de andar por casa, a los técnicos de sonido y web, a los dirigentes condescendientes con esta publicación y a mi libreta azul: a todos, muchas gracias, sin vosotros nunca hubiera tenido sentido. |
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